* Betico Perdomo usa su rendición de cuentas como trampolín para buscar impunidad
* En un acto rodeado de acarreados de Altotonga, el alcalde de Jalacingo cantinfleó sobre obras cuestionadas para luego revelar su verdadero objetivo: la diputación como escudo contra la justicia.
Jalacingo, Ver.- El cuarto y último informe de gobierno de Roberto «Betico» Perdomo es sinónimo de decadencia política; lo que debería haber sido un acto solemne de rendición de cuentas se convirtió en un espectáculo de aislamiento y cinismo, coronado por la confesión abierta de su único interés real: usar un cargo de elección popular como escudo de impunidad.
Con un auditorio ocupado principalmente por acarreados del municipio de Altotonga, el acto evidenció el colapso total de sus redes de apoyo local. Ausentes: presidentes municipales homólogos, diputados locales y federales, empresarios y líderes sociales. Nadie. Incluso, su propia síndico municipal, quien prefirió el megaevento de MORENA en la Ciudad de México, un desaire que no ocultó en sus redes sociales, pues publicó el acompañamiento a Claudia Sheinbaum.
Sin formalidad alguna, Perdomo inició el informe lanzando «palomazos» de música de cantina, para luego, vestido de manera casual y con gorra, iniciar un discurso cantinflesco que pretendía glorificar obras públicas cuya ejecución está profundamente cuestionada.
LA FARSA DE LAS OBRAS Y EL CATÁLOGO DE LO OMITIDO
Mientras el alcalde enumeraba proyectos, la ciudadanía recuerda el sistema de corrupción que los rodeó. Las denuncias son específicas y graves, la obra pública se adjudicó a través de prestanombres, utilizando maquinaria de su propiedad y obligando la compra de materiales en su negocio familiar materialista, «El Dorado». Un monopolio perfecto para el desvío. De sus promesas de campaña —sanear el Río Santa Rosalía, resolver el desabasto de agua— no hubo mención, porque no hubo acción.
Su informe fue, ante todo, un ejercicio de omisión deliberada. No hubo espacio para reconocer lo que el pueblo de Jalacingo ya sabe: una nómina de «aviadores», personas que cobraron del erario sin trabajar, a cambio de lealtad política. El nepotismo desenfrenado que colocó a familiares y amigos en puestos clave, inflando la planta laboral sin justificación técnica. El sistema de extorsión a comerciantes mediante «derechos de piso» arbitrarios, especialmente durante la feria. La perversión de programas sociales, convertidos en moneda de cambio por votos y favores, particularmente en la reciente campaña perdedora de su hijo. La corrupción en Catastro, donde se le acusa de cobros ilegales y de adjudicarse predios, mientras sus desarrollos inmobiliarios gozaban de permisos exprés y gratuitos.
LA CONFESIÓN FINAL: LA DIPUTACIÓN COMO BLINDAJE
El momento más revelador, y el que desnudó su verdadera urgencia, llegó al final. Dejando a un lado cualquier pretensión de modestia, «Betico» Perdomo admitió abiertamente su ambición y pidió apoyo para convertirse en el próximo diputado local por Jalacingo. Mostró las uñas, confirmando lo que analistas y ciudadanos ya denunciaban: su carrera política inmediata no busca servir, sino sobrevivir.
Busca refugiarse en el fuero constitucional, un escudo legal para blindar la fortuna acumulada durante doce años de presunto enriquecimiento ilícito a costa del erario. Es una carrera contra la justicia, una apuesta por la impunidad.
EL CÁLCULO ERRADO Y EL RECHAZO CIUDADANO
Esta jugada, sin embargo, parte de un cálculo político profundamente equivocado. Perdomo subestimó la memoria y la dignidad del pueblo. El voto de castigo contra su hijo en la pasada elección no fue un accidente; fue un veredicto anticipado y mientras él busca su salida dorada a la diputación, Jalacingo clama justicia. La pregunta que queda en el aire es si las instituciones harán su trabajo o si el último cantinfleo de “Betico” será el preludio de su impunidad.





















