* Tradición que se resiste a desaparecer y que, por el contrario, vive un repunte entre familias que buscan mantener vivas las costumbres y endulzar las posadas
Teziutlán, Pue.- Con el inicio de la temporada navideña, los mercados municipales de Teziutlán, como el popular “Mercado Miguel Hidalgo”, han visto un incremento notable en la venta de piñatas, tradición que se resiste a desaparecer y que, por el contrario, vive un repunte entre familias que buscan mantener vivas las costumbres y endulzar las posadas.
Desde principios de diciembre, los pasillos de los mercados se han llenado de color con piñatas de siete picos —que representan los siete pecados capitales—, así como figuras de personajes populares, superhéroes y elementos navideños como estrellas y esferas gigantes. Artesanos y vendedores reportan un aumento de aproximadamente un 40% en las ventas respecto al año pasado, atribuyéndolo a un mayor regreso a las celebraciones tradicionales tras la pandemia y al deseo de fomentar en los niños el sentido de comunidad.
Locatarios informaron a este medio explicaron que “le meten” este producto pues empieza aumentar la venta “La gente ya quiere otra vez la tradición de la posada, el canto, los dulces y que los niños rompan la piñata. Vendemos desde las clásicas de siete picos hasta las de moda, pero siempre explico el significado de la tradición”.
PRECIOS Y MATERIALES
Los precios oscilan entre los 80 y los 300 pesos, dependiendo del tamaño, diseño y materiales. Las piñatas tradicionales de olla de barro y papel de china siguen siendo las más solicitadas, mientras que las de cartón y figuras contemporáneas atraen a los más jóvenes. La materia prima, en algunos casos, ha incrementado su costo, pero los vendedores han intentado mantener precios accesibles para no afectar la demanda.
Para muchos teziutecos, comprar la piñata en el mercado municipal es un ritual. “Venimos en familia cada año, es parte de la preparación de la posada. Los niños eligen la piñata y de paso compramos los dulces y la fruta para rellenarla”, relata Javier López, padre de familia que visita el mercado desde su infancia.
Este repunte no solo alegra los hogares, sino que también dinamiza la economía de los comerciantes locales, muchos de ellos artesanos que trabajan varios meses preparándose para la temporada. Además, se ha notado una mayor afluencia de compradores de municipios cercanos, lo que beneficia a otros giros como venta de fruta, dulces típicos y artículos para fiestas.

















