Mensaje de Navidad 2025

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“Levántate y resplandece porque ha llegado tu luz” (Is 60, 1)

En este año, nuestro México ha sido un poco agitado y llegamos a la Navidad necesitados de esperanza y de paz. Hemos vivido meses marcados por la inseguridad, tensiones sociales y recientemente las inundaciones del 10 de octubre golpearon a muchas familias, arrebatándoles sus bienes y en algunos casos a sus seres queridos. Todavía hay personas que, con esperanza, están tratando de reponerse y levantarse para tener la paz interior y la tranquilidad necesarias para seguir luchado por una vida mejor y más digna.

Teniendo en cuenta todo lo vivido, la Navidad nos hace reflexionar sobre nuestra fragilidad y pequeñez ante la violencia, la inseguridad y las fuerzas de la naturaleza, pero también en la grandeza del ser humano por el hecho de que el Hijo de Dios quiso hacerse uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado (Hb 4, 15). En efecto, la Navidad no es evadir lo duro de la vida, sino la certeza de que Dios entra en nuestra historia para caminar con nosotros, incluso en medio del dolor y las dificultades.

Jesús nació en un pesebre pobre, en un mundo herido, inestable y marcado también por la violencia a tal punto que sus padres tuvieron que huir a Egipto para protegerlo de Herodes que quería matarlo. De esta manera Jesús rehízo el camino de Israel que bajó a Egipto para después volver a la tierra prometida, camino que Jesús recorrió para asumir la historia de Israel como signo de que Dios no abandona a su pueblo, sino que lo acompaña desde dentro de la historia, trayendo luz donde parece reinar la oscuridad.

Hoy, esa luz de Dios quiere brillar también en nuestros corazones, en nuestras calles, en nuestras familias afectadas por la inseguridad y las tragedias naturales. Quiere brillar en quienes perdieron algo, incluso un ser querido para que no pierdan la fe y la esperanza. La luz de la Navidad brilla en quienes ayudan, comparten, reconstruyen y consuelan, brilla en cada mexicano que, a pesar de todo, sigue creyendo que es posible un México mejor.

Que, en esta Navidad, la celebración del nacimiento del Hijo de Dios, encienda en nuestros corazones la luz de la esperanza. Si Dios camina con nosotros lo importante no está perdido. Que, a pesar de las pérdidas o precisamente por ello, el Señor nos conceda vivir agradecidos por el don de la vida y nos dé la paz interior del corazón, esa paz que, aunque haya conflictos o pruebas que sortear, ninguna amenaza exterior nos la puede arrebatar, porque con el nacimiento del que es la vida, nuestro corazón se alegra y se llena de paz y de amor.

Que la Sagrada Familia de Nazaret nos inspire a convertir nuestras casas en hogares de amor y nuestras comunidades en lugares de paz y en tierra de esperanza viva. Y que, al iniciar el Año Nuevo, lo hagamos con la valentía de quienes creemos en la vida, en la justicia, en la fraternidad y nos comprometamos a ser instrumentos de reconciliación, generosidad y solidaridad con quienes aún están levantándose de las adversidades. ¡Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de bendiciones, fortaleza, paz y esperanza para todos!

Mons. José Trinidad Zapata Ortiz

VIII Obispo de Papantla

 

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